USA: LA IMPORTANCIA DE UNA FECHA

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Estados Unidos 2024. Este año -y como este todos los años pares- cuando llega el primer primer martes después del primer lunes del mes de noviembre los electores, ciudadanos por elección o por nacimientos se aprestan a ir a las urnas ya sea para cubrir los mandatos electorales o los representativos en el orden federal. Desde 1845, rige este día y se ha cumplido siempre, incluyendo en el transcurso de las dos guerras mundiales e inclusive en el caso del magnicidio contra John F. Kennedy cuyo mandato continuó su Vicepresidente Lyndon Jhonson o tras la muerte de Franklin Delano Roosevelt cuyo sucesor, Harry Truman, completó el mandato y se lo reconoce porque bajo ese mandato se produjeron las devastaciones atómicas de Hiroshima y Nagasaky.

Como sea, no se puede negar que esta gente tiene muy arraigada la importancia del voto, porque siendo este voluntario -y no obligatorio como es entre nosotros- haberlo fijado un día martes implica tener muy arraigado el valor institucional de mantener una fecha fija, no importa el número del día, para que en ese país se produzca, mediante el sufragio, el recambio de sus funcionarios en el Capitolio o en en el Capitolio y la Casa Blanca cuando las elecciones -como las de este año- son las presidenciales.

Es un martes, no cualquiera. Es el primer martes siguiente al primer lunes y no es de cualquier mes sino de noviembre, siempre de noviembre. Grabémoslo. Hace 179 años que repiten la misma historia y, evidentemente, tan mal no les ha ido. Recordarlo viene bien para que no se produzca, como en nuestro caso, ciudadanos de la provincia de Santa Fe, que en un año y en distintos meses hemos debido concurrir cinco veces a cumplir con nuestro destino cívico -algo devaluado últimamente- pero que significó un desgaste humano y sobre todo soportar los espacios concedidos gratuitamente a los partidos que se suman a los espacios pagados por los partidos que, más de una vez, genera la duda del votante en el sentido de dónde sale el vil metal para solventar tamañas publicidades.

Pero convengamos que la elección de ese día y ese mes no fue al azar, una monedita tirada al aire que dio, al caer en la hoja 11 del almanaque y en un martes, el siguiente a un lunes. Dijimos que esta elección no era aleatoria; se buscaba asegurar de que no coincidiera con el Día de Todos los Santos, una celebración católica que se celebra el 1 de noviembre, con mucha más intensidad en Estados Unidos que en nuestro país y en estos días en que hasta el color rojo de los almanaques se lo han sustraído.

La norma que establece la fecha de las elecciones federales en Estados Unidos fue fijada en 1845 para llenar un vacío legal que existía sobre esta materia. Entonces, cuando el Congreso se puso a buscar una fecha adecuada para ello tuvo que tomar en cuenta varios elementos. No se podía votar un domingo pues ese era el día que la mayor parte de los ciudadanos usaban para ir a la iglesia. Tampoco podían ser los lunes pues los electores tendrían que viajar en carruaje el domingo desde sus hogares hasta los centros de votación (en las capitales de los condados), algo que muchos no harían por tratarse del «día del Señor». Los miércoles usualmente era el día de los mercados agrícolas, cuando los productores ofrecían en venta los frutos de sus cosechas al resto de ciudadanos y los sábados es el «sabbat» judío que constituía un impedimento para trasladarse a ese importante sector social.  

Por lo que el martes era un día que los congresistas de entonces consideraron viable y así fue. Pero no cualquier martes porque se corría el riesgo de que el primer martes fuera 1 de noviembre y ese día o es de celebración para la grey católica o es de cierre de cuentas del mes anterior para los hombres de negocio. Consecuentemente había que evitar que fuera ese día o cualquier otro que significara una alteración del calendario electoral desde aquel entonces y para siempre. La opción de esta fecha también se alinea con las condiciones climáticas en gran parte del país, ya que noviembre no suele tener temperaturas extremadamente frías que puedan dificultar el viaje a los centros de votación.

Este año, el martes 5 de noviembre, primer martes después del primer lunes del mes de noviembre,   se dirimirá el nombre del futuro Presidente de los Estados Unidos, la nación más importante del mundo.  ¿Será republicano -apuntando todas las miradas a quien ya ejerció ese cargo hasta el bochornoso enero de 2021 en que instó a una rebelión jamás visto en el país del norte- o repetirá el actual conductor de la Nación cuya edad  parece constituirse en importante barrera para el ejercicio de tan noble y trajinado cargo?.  El alambicado sistema de elecciones del país del norte, que culmina parcialmente con la fecha expuesta, nos permitirá avanzar hasta el día señalado: ese martes de noviembre en que ya sin carruajes ni caballos la nación con mayor tecnología incorporada dirimirá su futuro en medio de rígidas reglas electorales que han servido institucionalmente para su cohesión interna no obstante las divergencias ideológicas durante casi dos siglos.

 

 

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