“SUR”… PAREDON Y DESPUÉS

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  1. El dinero es una institución social fundamental que facilita la coordinación y la cooperación: cada individuo usa el dinero porque sabe que los demás también lo utilizan para pagar y cobrar en sus intercambios. Bastaría acudir a cualquier manual de Economía para encontrar entre las características de la moneda aquella de que se trata de un bien de “aceptación generalizada” por la sociedad. Si usted, estimado lector, va con con un billete de mil pesos argentino a Los Ángeles sabe que lo van a mirar con cara rara y lo más posible que, gentilmente, se lo devuelvan. Pero si Ud. viene de cualquier lugar del mundo con un dólar a la Argentina o a cualquier país de Sudamérica seguramente se lo aceptarán. Esa es la característica de la aceptación generalizada como medio de pago de la referencia teórica antes expresada. Va de suyo y saque sus propias conclusiones con lo que significa el peso argentino.

Esa aptitud hace a una de las más consideradas características de la moneda, es decir es un bien de intercambio, para comprar y vender. A su vez es depósito de valor (atesorar sin intercambiar, sin ganar ni perder valor), y unidad de cuenta (referencia de precios y contabilidad financiera con registros, apuntes o asientos contables de tenencia o movimientos de dinero y bienes valorados en dinero. También va de suyo que el peso argentino apenas si puede rescatar parcialmente la última de las características citadas.

  1. Volviendo a la aceptación generalizada, tengo la certeza que ninguno de los lectores de este magnífico medio que es “Noticias bajo la lupa”, acudiría a la Reserva Federal de Estados Unidos (nuestro BCRA) para ver cuánto oro hay respaldando al dólar y lo más seguro es que se lleve una tremenda sorpresa por lo que ve o porque no lo ve. La reserva de oro estáen la base militar estadounidense de Fort Knox (Kentucky) y es el almacén más grande del mundo de este metal precioso. Fort Knox almacena no solo la mayor parte del oro del país norteamericano, sino también el metal de decenas de países alrededor del mundo. No por ello, el avispado lector, dejaría de aceptar al dólar como un medio de pago cosa que no haría con el peso argentino más allá de que las tenencias en oro no son más patrón de reserva. El último país que liquidó ese concepto fue USA en el gobierno de Richard Nixon (1973).

Vale recordar, anecdóticamente, aquello del abarrotamiento de los lingotes de oro en el BCRA del primer gobierno peronista que no permitía caminar por los pasillos del mismo, según decía el general, que comenzaba a inyectar el ADN que siempre caracterizó al peronismo: la mentira. Hoy no solo no están los lingotes sino que no están sus equivalentes en dólares y debemos casi paralizar el país por la falta de ellos que nos impide importaciones sustanciales para la salud o para el funcionamiento de la Economía local. Tener presente que, de la “industria argentina”, el 70% de los bienes finales requieren de insumos importados.

III.  Todo ello viene a consecuencia de que, con motivo de la deslucida reunión de la CELAC en Buenos Aires durante esta semana, se reflotaron antiguas versiones en cuanto a la posibilidad de moneda “única” entre Brasil y Argentina, excluyendo a los dos países miembros plenos como son Uruguay y Paraguay. Lo único que hicieron de forma inmediata los dos países es nominar esta moneda como “Sur”.  Proponer que el peso sea convertible al real luce un poco extravagante como idea económica. No se percibe que la gente publique sus propiedades en reales, ni guarde reales en las cajas de seguridad o los medios informen permanentemente sobre la cotización del real. Pero esa es la dirigencia que la sociedad argentina ha elegido por medio del voto y esperemos que por el mismo medio cambie de parecer. El argentino ya eligió como moneda el dólar.

  1. Seguramente este Mercosur que nunca funcionó bien y menos en los últimos tiempos, buscó y busca relacionarse a la historia del “euro” que permitió crear una zona de este nombre entre aquellos países de la UE que quisieron converger en esa moneda única. Para ello hay que remontarse al tratado de Maastricht, en febrero de 1992, el cual entró en vigencia en noviembre de 1993, casi dos años después, con metas económicas que debían alcanzar los países que quisieran formar parte de la moneda común, como límites de déficit fiscal, relación de deuda/PBI, tasa de inflación máxima, etc. En otros términos, establecer disciplina económica para un punto de partida homogéneo. Para lograr una moneda única del sur, los países deberían poner orden en sus economías, en particular Argentina, que tiene un fenomenal desborde fiscal, cuasifiscal, de regulaciones, carga impositiva, escasa integración al mundo, atraso tarifario, etc.

Criterios de convergencia económica: Las condiciones económicas para ingresar en la zona del euro contribuyen a garantizar que un país está preparado para integrarse en el régimen monetario de la zona del euro. Existen cuatro criterios de convergencia económica y un criterio de convergencia jurídica:

  1. 1. Estabilidad de precios: la tasa de inflación no puede exceder en más de 1,5 puntos porcentuales de la tasa de los tres Estados miembros con mejores resultados en la materia. Finanzas públicas saneadas y sostenibles. el país no debe estar sujeto al procedimiento de déficit excesivo. 3. Estabilidad del tipo de cambio: el país debe participar en el mecanismo de tipos de cambio durante al menos dos años, sin grandes desviaciones con respecto al tipo central y sin devaluar el tipo central bilateral de su moneda respecto del euro durante el mismo periodo. 4. Tipos de interés a largo plazo: el tipo de interés a largo plazo no debe exceder en más de dos puntos porcentuales del tipo de los tres Estados miembros con mejores resultados en materia de estabilidad de precios.

Convergencia jurídica: Los países que desean ingresar en la zona del euro también deben garantizar que la legislación nacional sea compatible con el Tratado y los Estatutos del Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC) y del Banco Central Europeo (BCE). El Tratado y el Estatuto prevén la independencia de los bancos centrales.

Francamente parece poco serio que el Sur o como quieran llamar a la moneda del Mercosur tenga como respaldo el populismo del kirchnerismo, de Evo Morales y de Lula. No fue así como se creó el euro y no es así como se genera confianza en un pedazo de papel impreso que tiene las pretensiones de llamarse moneda.