A 104 CUATRO AÑOS DE LA REFORMA UNIVERSITARIA

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I. El recuerdo no solo llega al desoxidarse las neuronas y al compás de los recuerdos sino que lo hace en momentos donde el hecho recordado adquiere mayor vigencia. Cuando las situaciones empeoran y decaen los ánimos, allí se rememoran momentos en que la realidad nos interpela con un ¿por qué si ellos pudieron, nosotros no?.

II. El 15 de junio de 1918  se lo toma como fecha referencial al momento en el cual los estudiantes  cordobeses irrumpieron en la Universidad de su ciudad para impedir que se consumara la elección del rector que sostendría la situación tal como estaba hasta entonces y declararon una segunda huelga general. Ese día, el movimiento estudiantil -que se venía gestando desde tiempo atrás- gritó sus consignas libertarias. Tuvo su pico culminante el 9 de septiembre cuando la Federación Universitaria de Córdoba asumió la dirección de la Universidad y el gobierno ordenó al Ejército reprimir la ocupación.

Seis días después de aquel estallido, el 21 de junio, la Federación Universitaria de Córdoba (surgida del movimiento Pro Reforma) publicó el “Manifiesto Liminar”, documento que establece los principios del reformismo bajo el título “La juventud argentina de Córdoba a los hombre libres de Sud América”. Este documento también expresaba una profunda crítica a una universidad conservadora y a un régimen que, en sus palabras, había llevado a “mediocrizar la enseñanza” y a combatir la ciencia. El Manifiesto liminar es un documento de profundo contenido político y social, revolucionario en su concepción que causó verdaderos tsunamis revolucionarios en la educación de Argentina, América Latina, Europa y Estados Unidos.

    “La juventud ya no pide. Exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio en los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Está cansada de soportar a los tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa.”

Uno de sus párrafos que más evidencia la rebelión indómita de una juventud dispuesta a dar su vida por una causa superior como es la educación.

Gabriel del Mazo  -40 años después Ministro de Defensa (con la camiseta puesta del equipo contrario), del flamante gobierno del Dr. Arturo Frondizi, en el momento de la célebre puja entre las denominadas “enseñanza libre” y “enseñanza laica”-  sintetizó la propuesta del Congreso de Estudiantes en diez puntos:
  1. Participación estudiantil en el gobierno universitario (cogobierno por tercios de profesores, estudiantes y graduados)​
  2. Participación de graduados en el gobierno universitario
  3. Asistencia libre
  4. Docencia libre (libertad académica, cátedra paralela,​ cátedra libre,​ derecho a optar entre cátedras)​
  5. Periodicidad de la cátedra (con designación por concurso)​
  6. Publicidad de los actos universitarios
  7. Extensión universitaria (y creación de universidades populares)
  8. Ayuda social a los estudiantes
  9. Sistema diferencial para la organización de las universidades
  10. Orientación social de la universidad

La libertad de cátedra, los concurso para profesores y el cogobierno entre docentes, graduados y estudiantes, y la gratuidad universitaria -que se agregaría un tiempo después- fueron los principios rectores de este verdadero movimiento revolucionario estudiantil y cordobés. Valores que plantearon las y los jóvenes mentores de la Reforma. Este movimiento estudiantil cambió la historia de la educación superior en Argentina y se expandió todo el continente.

III. Aquel Manifiesto Liminar de 1918, publicado el 21 de junio en «La Gaceta Universitaria», días después del histórico suceso y redactado por Deodoro Roca, proclamaba en su primer párrafo:

            “A los hombres libres de Sud América: acabamos de romper la última cadena».                   Cadena en la cual no podrán pasar inadvertidos eslabones históricos que                           marcaron la directa vinculación entre educación y las ideas reformistas en pos de              una sociedad más equitativa y mejor preparada para tomar decisiones por su                    cuenta.”

En 1918 había tres universidades nacionales: la de Buenos Aires fundada en 1821, la de La Plata nacionalizada en 1905 por el doctor Joaquín V. González surgida a partir de la Universidad Provincial de La Plata de 1897 y la Universidad de Córdoba fundada en 1613 por los jesuitas, conservando aún en 1918 muchas de las características elitistas y clericales de sus comienzos cuando los profesores llegaban a las cátedras a través de designaciones arbitrarias o directamente heredando los cargos. Esa es una de las razones fundamentales del por qué Córdoba llegó a ser la cuna del movimiento reformista.

Esos estudiantes universitarios de Buenos Aires, La Plata y Córdoba, pertenecían en su gran mayoría  a familias de una reciente clase media formada a partir de la gran ola de inmigrantes europeos y de sus descendientes. El número de estudiantes en estas universidades había aumentado de 3.000 a 14.000 en tan solo dieciocho años (1900 y 1918). Fueron ellos quienes comenzaron a exigir reformas que modernizaran y democratizaran la universidad.

El acceso a las universidades públicas generó fuertes enfrentamientos entre las clases medias y los miembros de la elite. La obtención de un título universitario significaba, para los sectores medios, la posibilidad de ascenso social, ya que era el requisito necesario para ejercer las profesiones liberales.

IV. Su expansión se verá  cuando en 1921 se realice en México, el Primer Congreso Internacional de Estudiantes que creará la Organización Internacional de Estudiantes.«Una vergüenza menos y una libertad más».  En contexto, la Reforma no se redujo exclusivamente a ese año (1918), ni a la Universidad de Córdoba. Fue un episodio que puso en descubierto un espíritu de reformismo generalizado, teniendo un impacto político inmediato muy fuerte en todo país. En correlación con los sucesos que vivía Argentina y el mundo, en junio de 1918 la juventud universitaria de Córdoba inició un movimiento por la genuina democratización de la enseñanza, cosechando rápidamente la adhesión de todo el continente.

«Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Desde hoy                   contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que               quedan son las libertades que faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del           corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo             una hora americana»; continuaba el Manifiesto Liminar.

Por ende, la Reforma Universitaria de 1918 no solo dio inicio a un cambio radical de la educación superior del país, fue animador protagónico de un momento histórico mundial, estableciendo un punto de partida en la naciente modernidad, anticipándose medio siglo al «Mayo Francés» y a las revueltas estudiantiles en Estados Unidos durante los “60 y 70”, extendiendo su influencia a todas las universidades del mundo. Más aún, habían pasado más de setenta años cuando, ante las protestas lideradas por estudiantes de la República Popular China, los postulados reformistas de Córdoba volvieron a cobrar vida en la Plaza de Tiananmén  (1989) ante la masacre y la persecución.

Las reivindicaciones reformistas bregaban además por la renovación de las anquilosadas estructuras universitarias, la implementación de nuevas metodologías de estudio y enseñanza, el razonamiento científico frente al dogmatismo, la libre expresión del pensamiento, el compromiso con la realidad social y la participación del claustro estudiantil en el gobierno universitario.

Concluyendo  El reformismo no debe reducirse a un glorioso momento histórico. Debe pensarse como el mejor legado para redefinir continuamente los postulados de la defectuosa democracia, la defensa de los derechos de humanos donde no hay réprobos y elegidos y la defensa institucional de la República sin necesidad de nuevos pactos sociales más que aquel que consta en nuestra Constitución Nacional.