“QUE NOS PASA A LOS ARGENTINOS”

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I.    Argentina es un país que en estos tiempos da para escribir una nota por día y en simultáneo te conduce al desánimo de no hacerlo para evitar repetirse porque cambian los actores pero no cambian los temas, lo dicho en un sentido y lo desestimado al día siguiente. Los titulares de todos los medios gira en torno de las candidaturas para el 2023, las pujas entre halcones y palomas que se da tanto entre la coalición gobernante y la opositora, la política que se hace por la red social del pajarito (fundamentalmente) y de allí los hilos de deducciones, análisis, interpretaciones de lo dicho, recordatorios de lo dicho en algún momento que es lo contrario a lo que se dice hoy.   Aristóteles, al que tanto se acude en el intento de mostrarse ilustrado, sentenció aquello de que «el hombre es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios», a lo que, ante el panorama presente, añado algo sacado de Romanos, en el Nuevo Testamento: «Por medio de palabras amables y lisonjeras (se) engañan los corazones de los ingenuos».

Tan ingenuos somos que mientras intentamos darle visos de certeza a las cifras que arroje el censo practicado ayer en nuestro territorio, asistimos a la denuncia formulada contra las cifras de aquel practicado en 2010 (el último hasta el de ayer) donde se plantea el “engorde” de las cifras de población de La Matanza  -en el AMBA-  lo que le ha significado la recepción de millones de dólares en su favor  -estamos hablando de doce años-  y en detrimento de los demás partidos de la provincia de Buenos Aires, en función de la coparticipación o los ATN. Nos quedamos entonces en esa nebulosa que gira entre la picaresca española y la habilidad corrupta de no aceptar la fidelidad de cifras que permiten facilitar  -eventualmente- una mejor calidad de vida a un sector de la población en detrimento de otra.   Lo que supuestamente el Partido de la La Matanza ha percibido en demasía  -más allá de que haya sido muy mal utilizado o bastardeado el objetivo de la picaresca-  ha sido en perjuicio de otro sector de la población que es vecina a La Matanza. En una palabra,  ese concepto de solidaridad con el que tanto nos engolosinamos como autorreferencia  -y creemos mostrarlo cuando ante una emergencia nos desprendemos de cuantos trastos o ropas viejas tenemos en nuestra casa- nos importa poco cuando a la realidad nos remitimos.

II.  Rosario ha denunciado que el 10% de la población no ha sido censada. No es poco tratándose de la tercera ciudad de la Nación. Y no es poco cuando la cantidad de población ejerce una particular ponderación en lo que a coparticipación provincial se refiere en primer término y a la de la provincia con las ciudades que la integran después. Los sicólogos afirman que las casualidades no existen pero es paradójico pensar que esta ciudad  -que hace medio siglo era llamada “capital del peronismo”-  aunque desde el advenimiento de la democracia el peronismo no ha llegado al poder-  haya sido la única denunciante de esta irregularidad. Ha sido la única como ente jurídico público. Pero miles de personas han acudido a los medios para averiguar que hacen al no ser censadas y alguna razón existe para que se haya prolongado las posibilidades del ejercicio censal vía internet y que habrá nuevas visitas a hogares no censados.

III. Hechos tan simples y tan inexplicables -la denuncia-  aunque la envergadura del fraude sea más que considerable, nos traslada a esa situación que cuando uno se propone escribir sobre un tema más que importante  -un censo lo es, si se hace bien, claro y si se preguntan cosas importantes-  no lo logra. Al respecto parece inimaginable que a esta altura del S XXI en este país haya que preguntar si se tiene un inodoro o una letrina… es una pregunta que nos lleva al titubeo al formularla  y  que arrastra a una respuesta avergonzada del censado.

IV. Nos confunde el hecho de que intentando repetir los errores del pasado se corregirçan los males del presente.  Pretender remendar los desatinos cometidos y pensar que el equilibrio fiscal se soluciona incrementando los derechos de exportación a la producción agroindustrial o pecuaria es recaer en la necedad de ese odio intelectualizado que crea la dualidad campo-ciudad,  por el cual el productor agropecuario es mal visto siendo que se trata de uno de los pocos agentes económicos que genera dólares genuinos de los que tanto requiere el país. Y la confusión se agudiza porque hoy se le pide al Congreso de la Nación (se trata de un impuesto y la modificación de su alícuota debe provenir de una ley), su “ayuda” que imagino no la tendrá al menos en Cámara de Diputados.

Este viernes 20 por la mañana, Alberto Fernández dijo en declaraciones radiales que la “mejor forma” de desacoplar (una palabra inventada) el precio interno del trigo con el internacional “son las retenciones” y pidió, como dije antes,  la ayuda del Congreso. Horas después el Ministro del área al presentar el plan GanAr en Córdoba dijo haber hablado con el Presidente y con el Jefe de Gabinete sin que hubiera alusión de la suba de las retenciones.  No es la primera vez que el ministro de la cartera agropecuaria rechaza una suba de ellas. La última fue una semana atrás, en el evento “A Todo Trigo”, que reúne a toda la cadena del cultivo. Allá, ante más de 1.000 referentes de la cadena, había afirmado que las retenciones no se iban a tocar y que el objetivo era llegar a las 25 millones de toneladas del cereal este ciclo.

V. En 1985 entre Manuel Mora y Araujo, Marcelo Aftalión y Felipe Noguera publicaron un libro que esta nota copia: ¿Qué nos pasa a los argentinos?.  El subtítulo atrapa al lector aun más que el título. Habla de “un país casi incomprensible” y “el malestar argentino”, muestra el tono del libro, que es un largo lamento por nuestra decadencia y nuestra incapacidad para organizarnos alrededor de un proyecto productivo sostenible.

Han pasado casi 40 años de esa publicación. Envejecimos en torno a esa pregunta y nunca hemos logrado una respuesta mínimamente satisfactoria. Peor aun, ha pasado una generación desde entonces y tampoco la ha encontrado.

Peor. Esa generación ha desistido de hacérsela y, en muchos casos, encontró la respuesta más allá de nuestras fronteras.