“TENES QUE ESCRIBIRLO”

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Pasa que yo ni idea de escribir esto. Pero ella fue la culpable. Totalmente. Empezó con el regalito de Navidad o de Papá Noel… si ella sabe que soy agnóstico. Pero claro, sin decirme nada y aprovechando que hacía tiempo que no nos veíamos, aprovechó. Y estábamos por salir a almorzar y me dijo “te traje esto” y enseguida me di cuenta… ¿cómo no te vas a dar cuenta de lo que es?. Una bolsita de tipo celofán, chica, con un moñito, donde solo cabe un libro. Por supuesto era un libro y como a los regalos hay que abrirlos en el momento, así lo hice. “Puro Futbol”, todos los cuentos del Negro Fontanarrosa sobre el tema. Todos… yo que había leído algunos me quedé sorprendido porque estaban todos… sí todos… y viste, como uno no quiere aflojar en ese momento le dije las expresiones de circunstancias. Claro le agradecí y anticipadamente, porque faltaba como una semana para las Fiestas, le dije Feliz Navidad… la verdad que ya me estaba deleitando y esperaba volver de la city porteña y llegar a mi casa para devorarlo

A los tres días y en Rosario, lo abrí. Y mientras avanzaba en su lectura, pensaba. Porque viste como son estas cosas… vos estás solo, leyendo, y a las 12 las campanas del reloj de la Facultad de Derecho suenan… y a vos se te vienen cosas, te viene el “No preguntes por quién doblan las campanas, doblan por ti” y se te aparece Hemigway, su obra, el malecón de La Habana, los que sufren en La Habana y los que creímos en aquella Revolución para la liberación que terminó siendo para para la esclavitud. Claro que desde hace tiempo que nos damos cuenta… y sí… una cosa trae la otra… hasta que volvés al libro, a lo que estabas leyendo.

Y el Negro que te recuerda el nombre de algunos jugadores que yo se los oí nombrar a mi viejo (Mirko Blazina, Cammaratta) y otros a Fioravanti. Te acordás de Fioravanti cuando relataba por la “cadena azul y blanca de emisoras argentinas”… y te vas de nuevo… ¿cómo era que se llamaba el programa?… ahhh… sí “Alpargatas en el Fútbol” (la voz inconfundible de su locutor, Rafael Diaz Gallardo) que lo presentaba y de cortina, la Marcha sobre el Río Kwai…  ¿la Marcha sobre qué?… interpretada por alguna banda americana (no teníamos tantos problemas con el imperialismo parece)… pero la descubrimos cuando llegó la película… que se yo… como seis o siete años después… ahí nos enteramos que aquella presentación de Fioravanti era la banda sonora de esta película… claro ya no estaba Fioravanti aquel relator, el único que me acuerde, que cuando gritaba “gollllllll”… estiraba la “l” y no la “o”,  como todos los que vinieron después, inclusive el Gordo Muñoz o el “yorugua” -hoy devenido en analista político- por culpa de algún “sobre” me imagino… porque te juro que no era así… no era así, todo lo contrario.

Y claro esas cosas que pensaba yo se lo contaba a ella por celu. O por whatsap. Que leerlo a Fontanarrosa me remontaba a mí,  de pibe… pero de pibe pibe… porque ella me mostraba una foto por la cancha de Independiente y un cruce de calles que era Ricardo Bocchini y José Pastoriza… y le dije… viste, porque me salió del alma, que Bochini ya se parece a Kirchner… a todo lo que es rojo le ponen su nombre… el Libertadores de América se llama Ricardo Bochini, la calle igual… pará… pará…

Además yo te diría que Independiente tuvo jugadores más notables que Bochini… aquella delantera histórica que era la del club y de la Selección (único caso en la historia): Micheli, Cecconatto, Lacasia, Grillo y Cruz.   Lo tuvo antes (yo no lo vi) a Vicente “Capote” de la Mata, jugador comprado a Central Córdoba de Rosario. El bar de Urquiza y Corrientes, acá nomás, se llama “Capote” -en su homenaje- con muchas fotos temáticas, en blanco y negro. Claro, no sé quiénes son los dueños ahora y capaz que ni sepan la historia de “Capote” de la Mata… capaz ni que sepan que hay un club que se llama Central Córdoba que tuvo al más brillante delantero rosarino  (junto al Matador, claro) que fue el “Trinche” Carlovich.

Porque yo era muy pibe y a esa delantera la vi jugar para Independiente… bueno, pasa que yo iba a la cancha en brazos de mi vieja… ¡¡¡ qué locura no !!!…   la de mis viejos… pero claro eran otra épocas… de eso casi no me acuerdo… pero de esa delantera si… la misma delantera con la roja puesta o con la albiceleste … un festival para los ojos diría Balá.

Claro yo era un pibe y no sé si sabía decir papá pero si Central. Si mi viejo, cuando nací, él lo contaba de esa manera   -y debía ser para que mi vieja no se enchivara más de lo que se habrá enchivado en su momento-, me hizo primero socio y después persona. Porque primero me anotó en el club y después en el Registro Civil. El, mi viejo, decía porque le quedó de paso pero cuando fui más grande y repetía la historia yo lo junaba de reojo… porque el Registro Civil estaba cinco cuadras de mi casa y la sede de Central en pleno centro, donde está ahora, en la calle Mitre… como a quince cuadras de mi casa… si, para mí… que mi viejo inventó la historia. Y, como te dije, primero me hizo socio y después persona…   Lo que me acuerdo que tenía un carnet de esos tipo librito, como los que venían antes, de tapa marroncita, que no tenía foto… cómo iba a tenerla si hacía dos días que había nacido…

Lo que si me acuerdo es que Central tenía una cuasi tribuna con bancos de madera, tipos de plaza, para el sector femenino. Eso sí, pegada a la Oficial. Como para que no hubiera confusiones sobre quién entraba allí. Con espaldas a Cordiviola. Una especie de jaula para no mezclar. Eran épocas de que “los nenes con los nenes y las nenas con las nenas”.  Te hablo de cuando el “Gigante” no era tal. Y allí  -muy vago recuerdo- cabían una centena de mujeres… “el fubol era juego de machos… “. (diría el Negro) y me acuerdo, por lo que contaban,… que puteaban de lo lindo las señoras. Parece “que no eran minas de gran corazón”, cuando se enojaban porque no se jugaba bien.

Te diría que mi destete se habrá dado cuando mi viejo se hizo cargo de su hijo o sea yo y lo llevaba a la cancha, contra el  tejido… arco que da a Regatas, justo en el medio entre el palo izquierdo y el banderín del corner, alambrado de por medio y bandera canaya que nos cobijaba del sol… mi viejo y yo… el de Roberto Converti y él… (mi gran amigo médico que partió). Claro que a veces ese lugar no estaba libre y había que ir un par de metros para el lado del arco… pero allí la red te molestaba para ver bien o un par de metros para el banderín del corner y allí estabas medio lejos de las emociones del área 18. En fin para estar justo ahí… tenías que llegar temprano. Los partidos se jugaban solo los domingos y todos empezaban a las 15:15… cuestión que, de casa, había que salir a las 12, caminar por  Salta y llegar hasta Alvear. De allí, todos los domingos que Central era local,  la empresa municipal de tranvías había puesto una línea especial que salía desde esa esquina y te dejaba en la puerta de la cancha: el 3 bis (nunca supe el por qué del bis porque en Rosario las líneas de tranvías iban del 1 al 27 pero el 3 estaba excluido, no existía esa línea regular)…Ja… tranvías con línea propia… envidia para los del Parque que tenían que ir con el 15… sí el 15, el que iba al cementerio y bajarse allí…  bueno esos días  casi ni se almorzaba. Y qué decirte cuando se jugaba con Boca o con River o el clásico… ah… a las 10, padre e hijo, un par de sanguches de milanga y a la cancha… mi vieja ya se quedaba en casa… pero escuchando.

Y allí íbamos primereando  para apoyar la ñata contra el tejido, tocando el césped, la línea de cal, ahí nomás, a metro y medio nuestro, abajo del tablero con la “clave Alumni”. Claro hoy el celu lo dejó para el olvido… ni para el recuerdo siquiera lo que era la “clave alumni”…Lugar de privilegio… que platea ni platea, si hasta cuando la pelota llegaba fuera de la raya final podías tocarla, empujarla, metiendo la mano  -chiquita, de pibe-  en el entramado del tejido. Y cuando el jugador venía a buscarla  -fuera defensa de la visita o delantero de los nuestros-  olías el ungüento (o qué se yo) que se ponían en las gambas para evitar calambres o con el que los “aguateros” (me parece que no había “preparadores físicos”) los masajeaban antes de salir a la cancha o después de un choque fuerte en el partido. Porque esos sí que eran choques… no revolcones como los de ahora… cuando el “negro” Navarro de Independiente se cruzaba… y el delantero caía no se mandaba la parte y cuando don Pedro del área… bah… Dellacha, el zaguero central de Racing salía a cortar… parate firme porque era como una locomotora que te atropellaba.

Y uno estaba ahí, tan contra el tejido que alguno de esos pelotazos desviados o pateados como el tuje por el delantero que terminaban contra el alambrado y este te marcaba la trucha al estirarse… si me acuerdo del ruido de la pelota golpeando al alambrado y el uhhhh de la tribuna.

Y yo recordaba esto con la “regalera”… y le decía mirá…  mirá lo que me hacés acordar, sabés cuánto hace que pasó esto, y por respuesta me decía “Tenés que escribirlo”.  Por eso como te dije al principio… es su culpa, porque a mí,  a mí me contrataron para otras notas… pero dale con el “tenés que escribirlo”… bueno… que se yo… ahí te lo escribí, al voleo, como esos centros que vienen justo y la mandás para romper la red o terminan en la tercer bandeja…o como esa redonda que, hace 50 años, se coló en un ángulo tras la inolvidable palomita del Aldo… esa que hoy se celebra todavía porque además de eliminar a la lepra fuimos campeones por primera vez. Y lo escribi… viste. ¿Cómo olvidarlo?

¿Vos sos la culpable GB?… pero, pará, pará un momento… pensándolo mejor…  que vas a serlo… si me permitiste formatear un cacho de mi vida. Gracias Gabyta.