DE ROSARIO AL MUNDO. Osvaldo Gatto Armas Antiguas. Con amor y calidad.

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Osvaldo Gatto es profesor de historia. Y se nota. Cuando empieza a hablar de su gran pasión: la fabricación de réplicas de armas antiguas en su propio taller en Rosario. Datos, fechas, curiosidades y algunas anécdotas completan todo el relato. Su hijo Martín, sigue los pasos del padre: con enorme amor describe cada arma, cada mecanismo, cada paso en la concreción de una réplica que estará en alguna colección privada o incluso puede ser protagonista en una película de alto presupuesto.

Su taller en zona sur luce a simple vista como tantos otros talleres. Esa sensación de caos ordenado, los tableros con herramientas, las cajas con elementos, los tornos, las máquinas, el fino tapiz de polvo sobre las cosas…Hasta que uno comienza a prestarle atención a los detalles. Entonces descubre que no hay casi nada en común con ningún otro taller de la ciudad. Excepto las cosas obvias y algunas herramientas. El producto de lo que sale de ese lugar es lo que hace la diferencia. Armas antiguas. De las que se cargan por la boca. Avancarga se denominan, explica didáctico el profesor Gatto. Su hijo Martín agrega que todo se hace allí. Se talla el mango de madera (en una máquina que ellos mismos crearon), el caño, los mecanismos de disparo, los adornos, las soldaduras, los apliques, los grabados. Al taller entra un pedido, una ilusión y sale un arma en su estuche, terminada. Y lista para disparar.

Todo lo que allí fabrican, funciona. Martín nos aclara que se toman los recaudos de dotar a todas las armas de las condiciones necesarias para que no haya inconvenientes si alguien se le ocurre disparar con ellas. Las piezas son de metal, se ensamblan y terminan en armas que son perfectas réplicas de las que usaban soldados y piratas hace un par de siglos atrás.

Sus principales clientes son coleccionistas y producciones cinematográficas. Del taller Gatto de Rosario salieron todas las armas que se usaron en los filmes de Belgrano y San Martín de producción argentina. También cobraron vida en ese taller rosarino un par de “culebrinas” (modelo de cañón con una especie de mango para dirigir el disparo) que aparecen en la 3ª película de la serie “Piratas del Caribe”. Las dos que funcionan durante la escena del abordaje del Perla Negra, fueron forjadas en el taller de Osvaldo Gatto. Y también algunas de las armas que disparan en la película “Capitán de Mar y Guerra” con Russell Crowe fueron fabricadas en nuestra ciudad. Las producciones cinematográficas adquieren sólo las armas que van a disparar, el resto son réplicas de utilería.

Han fabricado cientos de cañones como el de la foto, que lo usan para las regatas, para fiestas patrias, para adorno, o simplemente como un elemento de colección.

Es que el taller de Osvaldo Gatto es de los más destacados de América Latina. Sus armas figuran en catálogos de revistas alemanas y en su domicilio particular, el profesor Gatto tiene un verdadero museo con algunas piezas que son bellísimas reliquias.

Confeccionar réplicas de armas históricas o restaurar armas antiguas son el trabajo de padre e hijo, pero cuando uno los escucha derramando tanto amor por esos elementos, se olvida que son armas y que fueron creadas para dar muerte. En sus manos, pistolas, trabucos, fusiles mutan delicadamente a piezas de colección, a obras de arte.

No tienen, no usan, ni les gustan las armas modernas. No les gusta la caza. Confiesan ambos no haber disparado jamás un arma contra un animal u otro ser vivo. Solamente disparan sus armas para prueba de calidad en polígonos de tiro habilitados a tal fin.

Y conocen al detalle la historia de cada modelo. Las anécdotas que cargan a lo largo de los años. Disfrutan contando los pormenores de la vida de esos objetos que brillan con una luz diferente una vez que escuchas sus narraciones.

En el museo privado que tiene en su domicilio el profesor Gatto muestra una granada de las que arrojaban los Granaderos. La toma con delicadeza, la admira. “Esto es un elemento único” dice con emoción. “Esto se arrojaba y explotaba. Sus esquirlas eran las que hacían daño. Tener una entera es un hecho insólito. Por qué el motivo de su existencia era destruirse, que era la forma en cómo actuaba.” Y maneja la vieja granada con el mismo cuidado que si estuviera manipulando una rosa.

Hay mil historias para contar tras las paredes del taller de Armas Antiguas Osvaldo Gatto. Yo pude escuchar algunas pocas. Me quedé con ganas de más. Martín es el heredero de un arte milenario que aprendió con su padre. Allí están ellos, allá por Presidente Roca al 4 mil y pico, tallando historias en obras de arte que parecen armas.-